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sábado, julio 20, 2013

Negro Veras


Ramón Antonio "Negro" Veras
El doctor Ramón Antonio Veras (Negro), entrega a su sociedad un valioso testimonio de los dolorosos y traumáticos sufrimientos que padeció desde su niñez, adolescencia y adultez como jurista, en un volumen de 268 páginas que puso a circular a casa llena en El Gran Teatro del Cibao, de Santiago de los Caballeros, el día 4 de este mes.

Demostrando  una capacidad de convocatoria que pocos han logrado en la puesta en circulación de un libro, Negro Veras electrizó a los más de dos mil convocados que le acompañamos en la ocasión, y en el decursar de su disertación comentando los motivos de la obra, el silencio era tan denso que era posible percibir las respiraciones de los vecinos sentados.

Como surgió de un hogar, si así puede llamarse una casucha misérrima, sin la protección paterna, sobreviviendo con los trabajos de doméstica de su progenitora, doña María Idalia Veras, Negro levantándose a diario a las 3:00 de la madrugada para procurar la dádiva estatal de dos botellas de leche, caminando un kilómetro para buscarla, y otro para regresar con ellas.

Ejerciendo de oficios domésticos en la casa de don Antonio Llenas, padre del atleta Winston (Chilote) Llenas para poder comer porque en casa de doña  María Idalia el fogón apagado era la recurrencia mortificante; aguatero en casas de familia, limpiabotas, canillita de periódicos, todos esos oficios lo realizó el niño Negro sin quejas, con una tenacidad y valor espartanos, hasta matricularse en la UASD para optar por doctor en leyes.

Liberó el primer año en la UASD pero no podía seguir porque los reducidos ahorros que guardó para ese propósito se le agotaron, y entonces obtuvo una beca de RD$40, que honró, mereciendo un Magna Cum Laude.

Adviene entonces su titánica y peligrosa defensa de los perseguidos políticos en la etapa represiva y sangrienta de los Doce Años (l966-78) del presidente Joaquín Balaguer, en vez de dedicarse a asuntos personales conectados con honorarios profesionales para sobrevivir, otra demostración de su sensibilidad y solidaridad social, como manifestó también defendiendo las causas de gobiernos de izquierda, Fidel Castro, Mao Tse-tung, Kim Il Sung, Muammar El Gadafy, es decir, los antípodas que enfrentan al imperio planetario.

Luego concretiza el jurista talentoso, conocedor de los textos y sus interpretaciones para exponerlas en los estrados y ganar causas de sus defendidos, surgiendo el Negro Veras jurista y con recursos económicos orondos, sin que esa coyuntura nueva en su vida alterara su sensibilidad, solidaridad y espontaneidad para las causas más justas de su sociedad,  ni renegar u olvidar sus orígenes psicológicos y físicos traumáticos, dolorosos, angustiantes.

Ese trayecto escabroso, difícil, peligroso y desafiante en la vida de Negro Veras, en que nunca consiguió un padrino, él decidió con el valor que todos les reconocemos, testimoniarlo en un libro para legado de sus hijos, nietos y nietas, pero de manera más generalizada, para toda su sociedad, para demostrar que para agotar el breve ciclo que llamamos vida, no es menester proceder incorrecto, insolidario, sabandija, inmoral, y coronar la cúspide de la reputación profesional y la bonanza económica, procediendo recto, sin defraudar a su sociedad y constituyéndose en ejemplo y admiración de todos, enarbolando el pendón del acrisolado proceder, el gran sentido y mensaje de su obra: Parte de mi vida: Para mis hijos, nietos y nietas”extensivo y exhortable a toda sociedad, la nuestra, y más allá.

jueves, octubre 04, 2012

¿Y qué tantas vueltas para condenar a los criminales?


La sociedad dominicana ha estado siguiendo, atenta, la evolución de un caso criminal en el que todavía la justicia camina lenta, sospechosamente lenta, para imponer las debidas sanciones a los acusados de un fallido atentado contra la vida de un joven abogado y comunicador de Santiago.
Nos referimos al caso de Jordi Veras Rodríguez, tiroteado en la cara en junio del 2010 mientras entraba al canal de televisión donde produce un programa de comentarios, en una alevosa conjura bien orquestada y pagada por personajes siniestros que no terminan de ser llevados al juicio de fondo para que se les dicten las penas correspondientes.
Veras es hijo del respetado y reconocido jurista Ramón Antonio (Negro) Veras, uno de los más distinguidos defensores de los derechos humanos, pero también un ciudadano que ha ganado méritos en la sociedad por un ejercicio serio y limpio de su profesión.
Con justo derecho, el doctor Veras está reclamándole a la justicia que no defraude a esta sociedad permitiendo que los autores del intento de asesinato de su hijo eludan el castigo penal, en la medida en que los tribunales barajan y le dan vueltas al caso para no dilucidarlo a fondo y tomar las decisiones definitivas sobre los culpables.
Y tiene toda la razón el doctor Veras. Si la justicia no obra con prontitud (aunque ya se ha tardado demasiado) y con valentía, este caso podría convertirse en un desagradable acicate para la impunidad de ese y otros episodios semejantes en que el sicariato ha dejado las huellas de su tenebroso quehacer, actuando por impulsos de una  mano invisible e imprevisible que dicta sentencias de muerte con el mayor descaro y prepotencia.
Lo que no tiene explicación, ni mucho menos justificación, es que habiendo identificado a los autores intelectuales y materiales del grosero atentado contra la vida del joven abogado Veras Rodríguez, la Justicia parezca indiferente, timorata o tal vez forzosamente paralizada para concluir el proceso, dejando en la sociedad la sensación de que aquí, por miedo o irresponsabilidad de las autoridades, los criminales pueden hacer lo que les venga en gana con las vidas y propiedades de los ciudadanos.